Monday, June 25, 2012

Más socialismo? Sí, pero no de éste

¿Más socialismo? Sí, pero no de éste
Lunes, Junio 25, 2012 | Por Roberto Jesús Quiñones Haces

LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -La semana antepasada estuve en
La Habana y en la Avenida de Rancho Boyeros vi una de esas vallas que
el departamento de divulgación y propaganda del partido comunista coloca
en las principales calles de nuestras ciudades, ésta con una imagen del
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros vestido de militar
y un mensaje que decía ¡Más socialismo!

La frase pudiera generar rechazo debido al descrédito que arrastra
la historia del socialismo real. El partido comunista de Cuba ha
perdido mucho terreno ideológico y una de las causas estriba en haber
sido reacio a analizar públicamente sus errores, a aceptar el anhelo de
cambios políticos que a gritos y en todo lugar expresa el pueblo y a
poner los puntos sobre las íes en cuanto a la responsabilidad histórica
de los máximos dirigentes cubanos en esta situación que sufrimos.

Uno de los aspectos más controvertidos de la historia de la Revolución
cubana es la proclamación de su carácter socialista, carácter y hacer
que tuvieron más de influencia y copia de lo que hacían los soviéticos
que originalidad. Durante toda la campaña guerrillera en contra de
Batista y después del triunfo de la Revolución, Fidel Castro, de forma
pública y reiterada, expuso que no era comunista. Calificó de
malintencionados a quienes acusaban al gobierno revolucionario de tomar
dicho camino. El Pacto de la Sierra, la Carta de México, que el propio
Fidel Castro firmó junto con José Antonio Echeverría y el alegato
conocido como "La historia me absolverá", son documentos que expresaron
la inequívoca vocación democrática del proceso revolucionario que se
gestaba con el objetivo de restablecer la Constitución de 1940 y
devolverle al pueblo cubano las libertades civiles y políticas usurpadas
por Batista. En su libro "Después de Fidel", Brian Latell especula sobre
esto; algo también ha escrito Carlos Franqui .

Algún día los historiadores tendrán que adentrarse imparcial y
objetivamente en ese momento que ha sido la causa de la primera gran
división del pueblo cubano después de 1959, puesto que la proclamación
del carácter socialista era un asunto que concernía a toda la sociedad
y por su trascendencia debió haberse consultado con ella y no dar por
sentado que la euforia de miles de milicianos representaba la voluntad
de todo el país, aunque el acto de la proclamación socialista en abril
de 1961 fue mera formalidad pues desde 1959 los comunistas del Partido
Socialista Popular, con el consentimiento de los máximos dirigentes de
la revolución, habían comenzado a posicionarse en las filas del
ejército, del Ministerio del Interior, la Seguridad del Estado y otras
estructuras del gobierno. Quienes habían luchado contra Batista pero
no profesaban ideas socialistas se sintieron traicionados o excluidos, y
muchos de ellos, advirtiendo que los hechos decían más que las
palabras, regresaron a las montañas antes de 1961. El resultado de tal
decisión fue la muerte en combate contra los milicianos o ante los
paredones de fusilamiento. En el mejor de los casos fue el
enclaustramiento para cumplir largas condenas en condiciones difíciles,
muchas veces crueles.

Ya en el poder, los principales dirigentes cubanos no sólo se
desentendieron de los pactos que habían firmado con otras fuerzas
políticas para unirse y derrocar a Batista sino que copiaron fielmente
de los soviéticos sus métodos de represión y control, el sistema de
partido único-que no tiene justificación de ningún tipo en la teoría
marxista-, la eliminación de la pequeña y mediana empresa y el culto a
la personalidad del líder, a quien ni siquiera dentro de las filas del
partido se le podía contradecir. Llama la atención el hecho de que la
auto titulada vanguardia política del país todavía se desentiende de las
opiniones y estudios de diversos especialistas que no sólo han
revelado las deformaciones del sistema "socialista" cubano sino
alertado sobre la tardanza en enfrentarlas, contumacia que puede
convertirse en un detonante estratégico.

Lo que los dirigentes de Cuba llaman socialismo tiene muy poco de tal.
No es que el pueblo cubano no haya alcanzado logros en estos cincuenta y
tres años, el problema radica en que ellos se obtuvieron gracias al
subsidio financiero y material soviético y no a nuestra eficacia
económica, de ahí el deterioro de los servicios de salud y
educación-las principales "conquistas"-, a partir del derrumbe del
campo socialista, cuando Cuba se adentró en la peor crisis de su
historia, la cual develó cuán profunda era nuestra dependencia de la
Unión Soviética. Lo que los dirigentes cubanos llaman socialismo tiene
muy poco de tal porque el socialismo es, ante todo, una extraordinaria
democratización del poder e implica que los obreros deben tener la
posibilidad de decidir las cuestiones fundamentales en sus centros de
trabajo, designar a sus directivos, evaluar su gestión y revocarlos,
aprobar los planes de producción, participar en las ganancias. La forma
principal de propiedad en el socialismo debe ser la cooperativa y no la
estatal centralizada como ha ocurrido en Cuba. En el socialismo el
pueblo debe ser protagonista y no un simple receptor de los ucases del
nivel central.

Un sistema realmente socialista no puede edificarse con menoscabo de
libertades esenciales. Rosa Luxemburgo se lo hizo saber a Lenin, pero
éste y sus sucesores la desoyeron; cuando Gorbachov decidió rectificar
ya era tarde. El hombre, por más bienestar que alcance, ha sido creado
para vivir en plena libertad. Sin ella y sin Dios nunca será feliz.

Así que al mirar la mencionada valla dije para mis adentros: "¿Más
socialismo? Estoy de acuerdo, ¡pero no de éste!".

http://www.cubanet.org/articulos/%c2%bfmas-socialismo-si-pero-no-de-este/

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