Tuesday, September 27, 2011

Revolución popular: teoría sin práctica

Revolución popular: teoría sin práctica
Martes, Septiembre 27, 2011 | Por Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) – Mi cabeza se niega a dar
cabida a una hipotética revolución popular que acabe con la dinastía que
mantiene a Cuba estancada, bajo la represión y la desesperanza.

Aunque están presentes algunas causas para que se desencadene el suceso,
no existen las herramientas para implicar a un considerable número de
ciudadanos que propicien la representatividad de la revuelta.

Al constatar los deprimidos índices de conectividad a internet, y
conocer que la telefonía celular tampoco alcanza cifras de
consideración, es lógico mi escepticismo cuando algún analista vaticina
que se producirán en Cuba protestas masivas que conducirán a la democracia.

A esto habría que añadir el exhaustivo control en el área de las
comunicaciones, donde las escuchas ilegales y las clausuras (definitivas
o temporales) de sitios web y blogs, rebasan las fronteras de la impunidad.

Es cierto que hay un crecimiento de la beligerancia por parte de la
población, pero son hechos aislados y más cercanos a la catarsis que a
la determinación de implicarse en un movimiento a favor del cambio.

La opción de mayor arraigo entre la población sigue siendo la de buscar
vías para la supervivencia por medio de acciones ilegales que pasan por
la corrupción y el tráfico sexual, entre una lista de hechos que escapan
a las más avezadas observaciones.

Las condiciones económicas actuales no son semejantes a la situación que
se vivió en los primeros años de la década de los años 90, cuando la
escasez de alimentos, los cortes del fluido eléctrico, la inflación
galopante, el azote de enfermedades motivadas por la desnutrición y la
casi total paralización del transporte por falta de combustible,
propiciaron conatos populares en Ciudad de La Habana, finalmente sofocados.

En aquel momento el móvil principal de la mayoría de los protestantes
era encaramarse en cualquier objeto flotante y escapar a Estados
Unidos; o asaltar comercios dolarizados del centro de la capital.

La carencia de motivaciones políticas y las brutales respuestas del
régimen, coadyuvaron a la derrota de lo que pudo ser la puerta de
entrada a una nueva república.

En 2011 el escenario es más relajado en cuanto a oportunidades de
aplacar la pobreza. Por supuesto, como ha sido siempre, despojándose de
valores morales y éticos elementales. Apostar por la honestidad en un
ambiente tan convulso es casi imposible; nadie puede separarse del
delito con tal de cubrir necesidades de primer orden.

Las leves transformaciones encabezadas por Raúl Castro han ido
multiplicando el descontento. Para ordenar mínimamente el sistema es
preciso despedir de sus puestos labores a más de un millón de
trabajadores, recortar subsidios y aumentar el costo de los servicios,
sin apenas compensaciones. No estoy augurando una revolución popular a
partir de los nuevos ciclos de vicisitudes que esperan a la familia
cubana, que ha desarrollado habilidades para sobrevivir en medio de las
condiciones más adversas.

Antes que decidirse a pedir reformas a viva voz, el cubano seguirá en
sus incursiones en el mercado negro, a merced del alcohol y el sexo
como vías de escape, o en busca de una carta de invitación que lo
catapulte a otras latitudes.

Hoy existe una mayor disposición para airear las insatisfacciones
acumuladas durante años, pero no creo que eso sea un indicador fiable
que fundamente el pronóstico de una sublevación a gran escala a corto plazo.

oliverajorge75@yahoo.com

http://www.cubanet.org/articulos/revolucion-popular-teoria-sin-practica/

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