Miriam Celaya
La Habana 12-02-2011 - 2:39 am.
Mirando de cara a nuestra actualidad, es imposible que la liberación
democrática venga por vía virtual.
El proceso de levantamientos populares que se ha venido sucediendo en
algunos países del norte de África, y particularmente las enconadas
protestas que han derribado a Hosni Mubarak en Egipto, traen a la
palestra el caso de Cuba, y se ha disparado la esperanza de un número
indeterminado de cubanos de la emigración que cree llegado el momento
("ahora o nunca") de convocar a un levantamiento popular pacífico en la
Isla.
La propuesta inicial procede de dos cubanos residentes en Europa,
quienes han lanzado una convocatoria a dicho alzamiento, cuya fecha de
inicio sería presuntamente entre el 19 y el 26 de febrero, avisada vía
Internet a través de las redes sociales (Facebook o Twitter). El revuelo
que ha concitado esta propuesta en los medios interesados en la
situación cubana anima a reflexionar en torno al tema, no ya sobre el
hecho —en sí muy cuestionable— de promover desde el extranjero una
sublevación (en teoría, pacífica) en Cuba, sino en aspectos esenciales
que apuntan a lo fantasioso, y hasta irresponsable, de tal propuesta.
Basta tener en cuenta el misérrimo acceso a Internet de los cubanos y
las magras redes sociales existentes para comprender la imposibilidad de
que el supuesto inicio de la liberación democrática sea por vía virtual.
Y éste sería apenas el primer escollo. Obviando esa nimia circunstancia
(me refiero a nuestra orfandad informática) y suponiendo gentilmente que
llegara una "orden de alzamiento", aunque fuera a la antigua, enrollada
dentro de un tabaco, habría que mirar de cara la realidad cubana, y
entonces podríamos asegurar que tampoco tendría éxito alguno. No es que
en Cuba falten condiciones reales para que se produzca un estallido
social: la persistencia de una dictadura que detenta el poder hace más
de 50 años; la crisis económica permanente como resultado del fracaso
del sistema impuesto; la pérdida de fe en el gobierno; la incertidumbre
ante un futuro potencialmente devastador; una población cuya mayoría
sobrevive en el equilibrio precario entre la pobreza y la miseria, el
70% de la cual nació después de 1959 y no siente compromiso alguno con
la generación "histórica"; y un extendido etcétera que casi todos
conocemos, son factores más que suficientes. Paradójicamente, en nuestra
Isla no se ha producido una manifestación de protesta generalizada
debido a condiciones que no existen y que resultan determinantes.
Algunas de ellas son:
- No contamos con organizaciones de la sociedad civil independiente
capaces de coordinar un alzamiento de tal naturaleza.
- El pueblo, desconocedor hasta de sus escuálidos derechos y
generalmente apático, está indefenso ante la maquinaria represora de un
régimen entrenado en la resistencia para retener el poder, poseedor de
un eficiente aparato represivo, de los medios masivos de difusión y
experimentado en tergiversar los hechos. Por esto, no existe un vehículo
que permita tejer a corto plazo una red ciudadana capaz de paralizar el
país y obligar al gobierno, no digamos a la renuncia, sino siquiera a la
negociación en busca de un pacto. Esto es tan cierto, que todavía
permanecen en prisión casi una decena de los presos políticos que, en
virtud del compromiso gubernamental, debieron quedar en libertad desde
noviembre último.
- Al contrario de lo que sucede en Egipto, por citar el ejemplo más
conspicuo, en Cuba no se conoce un programa opositor que pueda presentar
resistencia efectiva al gobierno (traducida esta resistencia en
acciones positivas). Los partidos de oposición de nuestro país, en caso
de un levantamiento, no pueden ofrecer al pueblo las garantías mínimas
de orden social ni las propuestas de pactos que contemplen los intereses
más generales para impulsar un cambio hacia la democracia.
- El pueblo, en su gran mayoría, no conoce los partidos de oposición, a
sus miembros ni a sus plataformas (en los casos que las tengan), como
tampoco el trabajo de los periodistas independientes y de los blogueros
ha logrado difundirse suficientemente en la Isla como para determinar en
la opinión de "las masas". No por gusto el gobierno mantiene un férreo
monopolio sobre los medios.
- No existe siquiera un paquete de reclamos populares, debidamente
estructurado o al menos arraigado en el espectro social, que logre
reunir a una amplia masa de sectores sociales diferentes dispuestos a
enfrentar las consecuencias de una rebelión, supuestamente pacífica.
Atendiendo a otras consideraciones, lo más probable en nuestro caso es
que las filas de los "alzados" se nutrirían de una parte de los
opositores y disidentes en general, quienes representan al limitado
sector realmente determinado a enfrentar a las autoridades, lo que daría
al gobierno una oportunidad dorada para encerrarlos —bajo cualquier
cargo de nuestras ambiguas "leyes"— y así debilitar los focos de
resistencia al interior del país. Sería un golpe demoledor para la
incipiente sociedad civil independiente en un momento en que crecen los
sectores inconformes de la población, comienza a surgir un consenso
popular espontáneo sobre la necesidad de los cambios y empieza a
formarse el caldo de cultivo necesario para orientar esos sentimientos
de frustración e insatisfacción en pro de conquistas democráticas.
Podríamos citar otras muchas circunstancias que atentan contra el éxito
de este controvertido alzamiento "pacífico", como es el rencor
largamente acumulado en la sociedad, fruto de las políticas de
diferenciación, vigilancia mutua, delación y desconfianza entre los
ciudadanos, que ha sembrado sistemáticamente este régimen a lo largo de
medio siglo. Una revuelta popular, sin fuerzas cívicas reconocidas o
medios que controlen llamando al orden (como felizmente sí los tuvo, por
ejemplo, el proceso polaco y hasta el rumano), con seguridad
desembocaría en actos de violencia, ajustes de cuenta, saqueos y
destrucción.
No quiere decir todo esto que en Cuba no sea posible un estallido
social. Lamentablemente la realidad indica que el país se encamina hacia
un peligroso punto de choque. Ya se han estado produciendo algunos focos
de rebeldía en regiones puntuales, primeras señales prácticas del estado
de malestar general que deberá agravarse a medida que se cumpla el plan
gubernamental de despidos, la supresión de "subsidios" y otras carencias
que ya se avizoran en el panorama a mediano-corto plazo. Tampoco es
casual que el gobierno esté preparando intensamente fuerzas antimotines,
equipadas con nuevos armamentos y técnicas recientemente adquiridas.
Es vital insistir en la búsqueda de soluciones pacíficas a los
conflictos. Es preciso seguir presionando sobre las grietas del régimen,
establecer puentes con los sectores más favorables a los cambios
organizados, sacar ventaja de las debilidades del sistema y procurar
ampliar en todo lo posible los espacios cívicos, porque sin ciudadanos
ningún cambio democrático en Cuba será posible ni permanente. Alguien
dijo una vez, magistralmente, que en las guerras solo hay perdedores.
Habría que añadir que en los diálogos y en las negociaciones solo hay
ganadores.
http://www.diariodecuba.com/opinion/3095-mitos-y-realidades-de-una-rebelion-en-cuba
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