Friday, February 11, 2011 | Por Mario J. Viera
PORT CHARLOTTE, Florida, febrero, www.cubanet.org -Los fósiles vivientes
que se han adueñado del gobierno de Cuba se sentían inmunes a una
rebelión popular. Aunque cada día apretasen un poco más la soga colocada
alrededor del cuello de los cubanos, estaban confiados que no se
produciría un estallido de la ira popular a nivel nacional. Quizá
tendrían que atajar algún conato de protesta aparecido localmente en
cualquier punto de la geografía nacional; pero de ahí no pasaba, les
resultaba fácil anularle.
Eso ya ocurrió en Cojímar, el 1 de julio de 1991, cuando la protesta del
Claro de Luna. Cerraron los accesos del poblado a La Habana y al vecino
Alamar. Detuvieron a algunos y, nadie, o muy pocos, en Cuba, se enteró
que en Cojímar se había producido una revuelta. Lo mismo sucedió con los
sucesos conocidos como el "maleconazo", una protesta de nivel local en
la zona de Centro Habana que rápidamente fuera conjurada con el
despliegue de los esquiroles de la Brigada Blas Roca y el cerco
policiaco. Igual que cuando el escándalo en un cine de Santa Clara o con
la huelga de los cocheros de Bayamo.
Como los medios de comunicación masiva son coto gubernamental absoluto,
no se divulgaría al resto de la población cualquier manifestación masiva
del descontento popular. Como los sindicatos son correas transmisoras de
la voluntad del Partido Comunista, no habría la posibilidad de que se
produjera una huelga general de carácter político. Como los opositores
carecen de los medios adecuados para hacerse conocer por el conjunto
social y de la divulgación de sus plataformas políticas y no existen
otros partidos legalizados, la posibilidad de conformar un cuerpo
coherente de resistencia, como puede ser en la Venezuela de Chávez o en
el Egipto de Mubarak, es bien remota.
Como la seguridad del estado se presenta cual la encarnación del gigante
Argos de los cien ojos, los fósiles del castrismo confiaban en el efecto
psicológico que la misma podría ejercer sobre la imaginación popular,
para castrarle todo deseo de rebelión, ante el fóbico síndrome del Gran
Hermano que siempre te vigila.
En fin, como la autonomía universitaria fue anulada casi desde el inicio
de la tiranía, no había el temor de las protestas estudiantiles.
Pero como Cronos es implacable y no se detiene, avanzando siempre y
aportando más y mejores tecnologías, los fósiles empotrados y
entronizados en el poder comienzan a conocer el miedo; ya no se sienten
tan seguros. ¡Hay que hacer algo y ya! Exclamaron sobrecogidos de temor.
Hay que tomar las medidas ahora, para tratar de contrarrestar el peligro
que acecha sobre sus intereses y que ya ventean como bestias carroñeras
asustadas.
Ya el peligro no está en una protesta que un pequeño grupo de opositores
se atrevan a manifestar en un parque citadino. Ahora, se asustan, "el
parque de la protesta es la internet".
Se acobardan ante el peligro de que pueda crearse, como asegura un tal
Eduardo Fontes oficial de la Seguridad del Estado de la gerontocracia
cubana, "una plataforma tecnológica fuera del control de las autoridades
cubanas y que permita el libre flujo de comunicación entre (…) los
opositores, blogueros (…) y el mundo"
Ese es el gran temor que asalta a cualquier tiranía "el libre flujo de
información" y muy particularmente una como la de los Castro
acostumbrada al control del pensamiento, y empeñada en mantener engañado
a todo el pueblo todo el tiempo.
Y como en la pesadilla de George Orwell, se preparan para fomentar una
Policía del Pensamiento, la ciberpolicía, dedicada a la represión del
"crimental" del que hablaba Orwell, porque ven una amenaza, tal vez no
en la tecnología de las comunicaciones, si no en "lo que puede hacer
alguien detrás de la tecnología". Alguien capaz de convocar, alguien
capaz de transmitir lo que los medios oficiales ocultan.
Se aterrorizan pensando en el poder que tienen las redes sociales,
Facebook y Twitter, la inmediatez que representan en la
intercomunicación de los ciudadanos.
"Nosotros tenemos nuestros propios twitteros" afirmó el "conferencista
informático", mientras su audiencia de altos oficiales del Ministerio
del Interior le tenían que soportar la perorata aburrida y monótona y
sin poder ocultar algunos un bostezo de aburrimiento. Entonces habla de
sus blogueros estrellas. Menciona a un supuesto Yohandry Fontana (quien
curiosamente en su entrega del 9 de febrero agrega una nota que dice:
"Este blog se ha llenado de periodistas y colaboradores que comienzan
sus nombres con Y").
Su otra super star es la tal Tina Modotti "por supuesto ─ acota ese
Eduardo Fontes ─ Tina Modotti no es Tina Modotti, es una persona que
está detrás de esa imagen de Tina Modotti" y esa "persona" seguramente
es el aparato desinformativo de la inteligencia cubana con la misma
moralidad de la que fuera amante de Julio Antonio Mella y cómplice en su
muerte por los sicarios del Comintern. Y dice el pedestre "conferencista
informático" que la supuesta Tina Modotti es "el látigo de Yoani. No
deja vivir a Yoani. Si Yoani dice blanco, esta dice negro y por qué es
negro".
"… tenemos nuestros blogueros y vamos a combatir a ver cuál de los dos
sale más fuerte" asegura Fontes con una bobalicona expresión de su
rostro, porque ni él mismo se cree lo que afirma; porque él repite el
guión que le impusiera su jefatura. Pobre desecho de persona; triste
servidor de una dictadura que hoy le usa y mañana quizá le arroje a un
lado como si fuera un tareco ya inservible.
Pobre lacayo que un día tal vez no muy lejano verá cuál es la verdad que
saldrá más fuerte, si la mentira de la tiranía fosilizada o la verdad
que brota del natural instinto libertario que anima dentro del alma de
cada ser humano.
Por mucho que lo intenten los amos del tal Eduardo Fontes, oficial de la
represiva Seguridad del Estado, no se puede engañar a todo un pueblo
todo el tiempo.
http://www.cubanet.org/opiniones/la-cibercobardia-del-castrismo/
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