Friday, March 11, 2011 | Por Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) – El hecho de que el cable de
fibra óptica haya llegado a Cuba hace algunas semanas procedente de
Venezuela, nada indica respecto a la posibilidad de que la empresa
estatal de comunicaciones (ETECSA), planee brindar a los cubanos
servicio de internet en el hogar.
Se hace difícil creer que eso sea posible, cuando todavía es necesario
presentar avales políticos para tener derecho a una línea de telefonía
fija. Ya aparecerán los "argumentos" para limitar el acceso a la red de
redes. Digo esto sin olvidar las especificaciones de algún decreto, que
determine prioridades y condiciones para acceder al ciberespacio desde casa.
Si las circunstancias determinan que las autoridades implementen una
discreta liberalización en esta área, para evitar críticas de entidades
internacionales, es lógico anticipar que los controles serán
exhaustivos. Ningún cliente podrá reclamar, con éxito, cualquier
intromisión o cese del servicio si así lo deciden los jefes del
departamento creado para controlar y reprimir a cibernautas incómodos.
Es de prever que no faltará la asesoría de especialistas chinos en estos
menesteres. Son conocidas las restricciones existentes en ese país, que
van de la censura al encarcelamiento por colgar en un blog mensajes
demasiado críticos con las políticas oficiales.
No fue al azar que se creó la Universidad de Ciencias Informáticas hace
varios años. Miles de jóvenes cubanos estarán disponibles para ser
usados como censores en la red. Cientos de ellos ya forman parte del
ejército oficial especializado en entrar subrepticiamente en los correos
electrónicos, bloquear sitios, entre otras maniobras que eviten la libre
difusión de ideas y opiniones.
El importante rol jugado por los equipos de comunicaciones en las
revueltas sociales ocurridas recientemente en varios países árabes,
estaría reforzando los temores del gobierno de La Habana en relación al
uso masivo de internet, la telefonía celular y el acceso a la televisión
por satélite.
El intercambio de mensajes a través de Facebook y Twitter, es hoy un
mecanismo que opera a favor de la libertad individual, además de
facilitar las vías para superar los muros de la intolerancia.
Por eso, es quimérico pensar que la dictadura descuide sus controles
multiplicando las conexiones a internet con todo su abanico de
posibilidades. Hay quienes, en un delirio de subjetividad, anuncian una
revolución en la Isla a partir del empleo de esas joyas de la tecnología
comunicacional. Se equivocan. El cambio más factible será por otros
motivos, quizás no del todo divorciado del internet y sus herramientas.
Según datos oficiales solo 1,6 millones de los 11, 3 millones de
habitantes en Cuba son usuarios de servicios online, muchos de ellos de
un intranet bajo estricto control del Estado.
Vaticinar una caída del régimen cubano a golpe de Facebook y Twitter es
cuando menos una valoración precipitada, que sobredimensiona el alcance
de las referidas redes sociales en nuestro país.
La relativamente baja tasa poblacional y la eficacia de los órganos
represivos, que no reparan en medios para mantener la estabilidad, hacen
posible la permanencia de la élite que está en el poder y se niega a
abandonar sus privilegios.
Una ampliación, si es que la hay, de los servicios de internet será
lenta y muy condicionada. Es posible que el lento proceso de apertura en
este rubro se extienda entre tres y cinco años.
La muerte biológica de los principales referentes de la gerontocracia
podría suceder en algún instante de ese período. Entonces habrá razones
y esperanzas de navegar por el ciberespacio, sin restricciones ni
vergonzantes requisitos.
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