Cuba y la cibercensura
By ERNESTO HERNANDEZ BUSTO
Muchos bytes se han alternado desde que John Gilmore aseguró que los
flujos de Internet interpretan la censura (o los esfuerzos de
interceptación) como un ``fallo técnico'' y suelen encontrar, guíados
por su propia lógica, una ruta distinta para hacer llegar su mensaje.
Desde este punto de vista, la cibercensura sería un contrasentido, una
especie de paradoja realizada o una contradicción en su término. Porque
sí existe, qué duda cabe, y pocos países pueden probarlo mejor que Cuba.
Los cubanos, que en los últimos cincuenta años hemos padecido un largo
historial de prohibiciones reales de todo tipo, somos también la
excepción digital más notable de nuestro hemisferio: el acceso a una Red
cuyo paradigma es la libre conexión entre distintos nodos está hoy
severamente limitado, y desde ese punto de vista también permanecemos
excluidos de otro de los derechos fundamentales de nuestra época.
Pues la mayor práctica de cibercensura imaginable es sencillamente no
poder conectarse a Internet.
El gobierno cubano y sus pregoneros han tratado de ocultar este hecho
escandaloso con sofismas referidos al embargo norteamericano y
razonamientos que insisten en la contradicción entre red global y acceso
local. Pero antes de entrar al espinoso tema de las políticas locales de
restricción de contenidos (nada sutiles en el caso del régimen cubano),
hay que aceptar la garantía de un soporte fundamental en la arquitectura
de la libertad contemporánea.
En fechas recientes hemos podido ver un video que contiene in nuce la
doctrina castrista sobre las nuevas tecnologías de la información. Un
``especialista'' en ciberdisidencia y otros ``grupúsculos
contrarrevolucionarios'' explica a oficiales del MININT el peligro que
los amenaza: la sombra del Imperio se ha vuelto más sutil, y ahora llega
en forma de conexiones ilegales, opiniones no controladas y redes ajenas
al gobierno. El ``experto'' en cuestión es incapaz de ver espontaneidad
detrás de tales fenómenos, pero resulta sintomático que sepamos de su
charla por una misteriosa filtración a la Red y que su identidad haya
sido revelada en un blog, gracias, por cierto, a las redes sociales.
Así como la ética protestante fue, según la célebre tesis de Max Weber,
el sistema de valores que alentó de manera decisiva el desarrollo del
capitalismo, hoy es otro sistema, eso que el filósofo finlandés Pekka
Himanen llama ``la cultura hacker'', el que podría convertirse en la
matriz cultural de la era digital.
¿Qué es la ``cultura hacker''? Exactamente el polo opuesto de la
cibercensura: un esfuerzo innovador de creación espontánea y
comunicación en red, asociado siempre a una satisfacción personal, del
tipo que sea: política, cultural, social... Allí donde la búsqueda
cultural, tecnológica, científica --y también empresarial, en su aspecto
no crematístico--, se convierte en fuerza productiva directa por la
nueva relación tecnológica entre conocimiento y producción de bienes y
servicios, la cibercensura queda neutralizada, convertida en una
pesadilla anacrónica.
El desbordante crecimiento de la blogosfera en los últimos años, el
impacto de las redes sociales y los nuevos medios, todo lo que se ha
dado en llamar ``la nueva ecología de la información'', son fenómenos
derivados de esta nueva manera de concebir el ejercicio de la libertad y
la creatividad. Una sociedad autoritaria no puede entender esta nueva
cultura ni sus efectos porque no admite que la pasión de crear, saber y
comunicarse esté motivada por una fuerza superior a la de la ganancia
económica, la satisfacción de los instintos o la conservación del poder.
Pero esa opción libertaria es la que hoy propone Internet, y sus efectos
políticos ya empiezan a verse en distintos lugares del mundo no virtual.
En su reciente estrategia de ``ciberguerra'', el gobierno cubano predica
que al ``enemigo'' sólo se le puede vencer con sus propias armas, pero
recurre a un ``ejército'' de replicantes contagiados por el virus del
pensamiento único. Sin rebasar la noción de ``herramienta'', estos
estrategas ignoran que el verdadero poder de la Red es la pluralidad. No
es difícil predecir quién saldrá ganando en esta contienda.
ese a la cibercensura gubernamental, Internet ya se ha convertido para
muchos cubanos en el escenario de prácticas inimaginables hace una
década: ha burlado la incomunicación entre la isla y el exilio, ha
propiciado una revisión de nuestra historia reciente y ha abierto
canales cosmopolitas para pensar en la sociedad que realmente queremos.
Al final, parece que Gilmore tenía razón: la Red siempre encuentra su
camino.
Director del blog
Penúltimos Días.
http://www.elnuevoherald.com/2011/03/12/v-fullstory/901955/ernesto-hernandez-busto-cuba-y.html
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